dimecres, 25 de novembre del 2015

CRECER CON LA PÉRDIDA: EL DUELO EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA


El duelo es un trabajo, un proceso simbólico y emocional, normal, de lento y doloroso desprendimiento de un objeto o sujeto importante para la persona, que supone un re ordenamiento de algunos de los aspectos de nuestro ser. Es la elaboración psíquica y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.
Por ello, elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.

 Factores que afectan en la adaptación a la pérdida en el niño

  • Las características de la pérdida, si es repentina, lenta o violenta.
  • Sensibilidad y ayuda de los miembros supervivientes de la familia ante sus sentimientos y necesidades emocionales.
  • Su propia experiencia de pérdidas anteriores.
  • Su herencia familiar, enseñanza religiosa y cultural.
  • Actitud que ha adquirido a través de la observación de la reacción de sus padres, otros adultos y compañeros ante la muerte de otros (aprendizaje vicario).
  • La participación en el cuidado e información adecuada y lo más completa posible favorece la mejor evolución y asunción de la situación de perdida.
  • La falta de consistencia en la disciplina impuesta al niño o adolescente tras la pérdida, por compasión o incapacidad del adulto, puede dificultar la adaptación.                            
            • resumen:
    El duelo en la infancia o adolescencia no se diferencia excesivamente del que padecemos los adultos ante una perdida importante, aun bien es cierto que ellos cuentan con menos herramientas para elaborarlo adecuadamente.  Para poder elaborarlo es necesario ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar la frustración que conlleva, y los niños o adolescentes no siempre pueden llegar a hacer una introspección tal sin ayuda. Por eso, el duelo en la infancia o adolescencia es algo más complicado si cabe.
    ADEMÁS plasmar la importancia de dedicar tiempo y espacio emocional a los menores a sufrir, a expresar las emociones de rabia, ira o dolor con naturalidad, a darle la importancia que tiene, porque ellos sí entienden que perder algo duele, la entienden y lo padecen.
    Para ello, considero que, el tema de la muerte, al igual que lo que ocurre con la educación sexual, es potencialmente problemático, pero la introducción de estos temas en la educación puede ayudar a los alumnos a comprender los efectos y consecuencias de la pérdida y, por tanto, esperar a estar mejor preparados cuando se encuentren con una pérdida en sus vidas. Esta educación sobre la muerte debe hacerse antes de una crisis.
    La investigación concluye que a menudo se produce una falta de ayuda y respuesta a las necesidades de los niños y los jóvenes después de la muerte de un pariente cercano . Y considero que existe una gran necesidad de que los gestos se traduzcan en ayuda real para los menores, desde la orientación familiar, la psicoterapéutica, pero también, pudiéndose hacer quizás a través de la presencia en las escuelas de profesores que están dispuestos y sean capaces de escuchar y responder. Para ello requerirán una formación específica otorgada por equipos de psicólogos especializados.

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